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No recuerdo obra de la que haya leído
tantos y tan dispares comentarios. También
he observado que sus lecturas con frecuencia se han
hecho bajo un único aspecto, de los muchos
por los que se puede recorrer la singular historia
de un capitán, Charlie Marlow, en su viaje
por el río Congo, viaje soñado ya desde
su infancia. Va a prestan servicio a una compañía
comercial establecida en aquella zona, en donde ha
de encontrarse con un hombre, Kurtz, encargado del
puesto del interior, al que le precede una extraordinaria
y misteriosa fama. Lo que descubre Marlow después
de una serie de terribles peripecias, es que en aquella
colonia se perpetran incalificables rapiñas
(maderas, marfil etc.) así como abusos, torturas
y masacres contra los indígenas quienes, por
su parte, están también sumidos en un
estado de salvajismo que llega incluso hasta el uso
de la antropofagia. Cuando Marlow al fin puede encontrar
a Kurtz, descubre que aquel hombre del que se hablaba
con veneración y rectitud, padece una extraña
regresión que le ha llevado a participar en
ceremonias rituales e incluso a proclamarse rey de
una tribu. Perdido, al parecer, el juicio, mantiene
relaciones con una extraña indígena
e incluso se rumorea que "haya sucumbido a los
encantos de la antropofagia". Kurtz muere allí.
La selva actúa como un magma que engulle y
transforma al ser humano, y esa transformación
es lo que hace del relato una plataforma para la reflexión
tan profunda y diversa como lo exigen las preocupaciones
vitales del ser humano.
Al final del relato, Marlow, ya en
Bruselas, va a visitar a la afligida novia de Kurtz.
Ella alaba la condición de honorabilidad del
muerto, opinión que el capitán no se
atreve a contradecir y también le alaba, desfigurando
así la verdad de lo que ha sucedido y, por
ende, contribuyendo a mantener la mentira colectiva
sobre la que yace la dudosa paz de la conciencia social.
Aconsejaría al lector que tras
la lectura de esta breve pero intensa novela, sienta
la necesidad de pararse a reflexionar, que sitúe
el relato y lo contemple desde el momento en que fue
escrito: aquel punto del siglo XIX en el que al rey
Leopoldo de Bélgica, la historia le acusa de
haber provocado varios millones de muertos en el Congo,
millones de cadáveres que empedraron su ascenso
para transformar aquellas tierras africanas en una
empresa privada del propio rey, una empresa bastante
parecida a un feudo medieval. Un periodo vergonzoso
que alguien lo ha comparado con los acontecimientos
posteriores que protagonizaron Stalin, Hitler, o el
mismo Pol Pot… Ese es el aspecto real y más
visible de este relato, la crítica social frente
a los desmanes del colonialismo, de los excesos de
la civilización occidental en su viaje hacia
la rapiña más deshonesta y brutal. Una
vía posible de interpretación.
Pero Conrad, evidentemente quiso decir
mucho más, como así lo entendieron V.
Woolf (el hombre primitivo simboliza el amor a la
vida y forma parte de una manera inconsciente, del
hombre contemporáneo) o Kafka (cree, en cambio,
que la distancia del hombre contemporáneo y
el primitivo es insalvable y que, por ello, el hombre
moderno está abocado a la añoranza).
Ellos vieron, de una manera u otra, el viaje de Marlow
como una ida hacia el pasado, hacia el origen primordial,
propio de estudio en la Filosofía de la Historia
y que desborda este sencillo comentario. Otros han
hablado de un complejo estudio de emociones humanas,
del problema de la soledad, de la lucha del hombre
en su enfrentamiento con las fuerzas de la naturaleza,
de la fuerza de los poderes ocultos de los bosques,
o incluso que Kurtz simboliza la fusión de
las tinieblas de la selva con la oscuridad del interior
del ser humano…
Pero Conrad sabe que para transmitir
lo que quiere y con la potencia que lo deseaba, ha
de apelar a través de su lenguaje, a la capacidad
de deleite y asombro del propio lector. "El objetivo
artístico -dice- cuando se expresa por medio
de la palabra escrita, debe aspirar con todas sus
fuerzas a la plasticidad de la escultura, al color
de la pintura y a la sugestibilidad mágica
de la música, que es el arte de las artes."
Así pues, todos los sentidos deben entrar en
juego mientras leemos. De esta manera el autor nos
ha podido introducir en el corazón de aquella
selva en donde tan terriblemente palpitaba la esencia
oscura del ser humano, y con tanta potencia que a
veces nos ha dado la sensación de que nuestras
manos estaban llegando a ese punto en donde nos fuera
posible, si no entender, tal vez vislumbrar aquella
luz que metafóricamente y en un pasaje del
libro, él vio reflejada en unas fichas de dominó.
Sin duda, un excelente libro de cabecera. Comprar
El corazon de las Tinieblas por Internet
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biográfico de Joseph Conrad redactada también
por nuestra compañera Lola
Peiró

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