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Autores más sedentarios me
suelen permitir un trazado biográfico reposado,
en donde la anécdota pueda colorear un paisaje
de fondo que nos abra camino hacia un mejor conocimiento
del personaje en cuestión; otros parecen estar
montados en un tren veloz, por cuya ventanilla sólo
se nos permite percibir un paisaje casi abstracto.
Tal es el caso de Joseph Conrad, nombre que él
cambió con gran sentido práctico, si
tenemos en cuenta que en su partida de nacimiento
consta como: Josef Teodor Konrad Nalecz Korzeniowski.
Nace en Ucrania, en el seno de una
familia polaca; su padre es un aristócrata
ya en la pobreza que se ve reportado a Siberia cuando
Joseph aún es niño. En el exilio muere
la madre y a los cuatro años fallece el progenitor,
por lo que un tío suyo ha de hacerse cargo
de su tutela. En 1874 abandona los estudios y se enrola
como marinero en el puerto de Marsella. Pero en aguas
del Caribe se ve envuelto en un asunto de contrabando
de armas, embrollo que le lleva a un estado de desesperación
capaz de abocarle incluso a un intento de suicidio.
Resuelto este primer problema, viaja
a Inglaterra, país que va a ser en lo sucesivo
su lugar de adopción (en 1886 se nacionaliza
británico), y de tal modo tomó esta
tierra como suya que aprendió el idioma con
prontitud y dedicación. De hecho fue la lengua
con la que escribió casi toda su obra, y hemos
de decir que de modo excelente. A partir de ahí
se le ve pasar, por aquella rápida ventanilla
de su vida, hacia el Extremo Oriente, Australia, Singapur,
Indonesia… y conseguido ya el título de Capitán
de la Marina Británica, comienza su segunda
actividad, la de escritor. Tripuló el "Narcissus"
por Asia, en donde encontró la inspiración
para "Lord Jim", o "El vagabundo de
las islas", o "El negro del Narcissus"…
Pero el viaje que Conrad anhelaba hacer desde su infancia
era el que le llevara a conocer Africa y, sobre todo,
el Congo, con ese río estremecedor. Conseguido
un embarque que tenía todos los visos de una
aventura, comenzó un periodo que le dio la
oportunidad de conocer las atrocidades que cometían
los colonos contra los indígenas, experiencia
que trasladó al libro que hoy nos ocupa: "El
corazón de las tinieblas".
Fue testigo del nacimiento de aquella
"Asociación Internacional Africana"
fundada por Leopoldo II de Bélgica, y de cómo
este rey toma posesión oficial del Congo cuya
explotación fue llevada a cabo por Stanley,
que ya había explorado los lagos Victoria y
Tanganica, iniciando desde aquí el viaje a
través del río Congo. El rey tomó
posesión oficial de aquellas tierras en 1884
y un año después, se confirma el ominoso
dominio "personal" de Leopoldo II sobre
el Estado Autónomo del Congo. En 1908, este
maltratado país, es convertido en colonia belga…
Todos estos acontecimientos, y otros de tal laya sucedidos
durante el s. XIX determinarán, qué
duda cabe, el rumbo de las líneas literarias
y el pensamiento de Joseph Conrad, quien también
conoce y mantiene amistad con casi todos los grandes
escritores y artistas de su tiempo, como Bertrand
Russell, G. B. Shaw, edita con F. Madox Ford… y viaja,
y se casa, y tiene dos hijos, y la cinta de su viaje
sigue con igual velocidad hasta que en 1924 muere,
dejando inacabada su novela "Suspense",
habiendo rechazado un título nobiliario, y
siendo acompañado hacia la eternidad nada más
y nada menos que por el mismísimo Lenin. No
sabemos si le haría mucha gracia esta decisión
de los cielos.
Ver los comentarios
de Lola Peiró
sobre una de las obras de Joseph Conrad:
El corazón de las Tinieblas
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